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Instituto Profesional de Enseñanza Periodística

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La adultez abrupta

Villa del Cerro

 LA ADULTEZ ABRUPTA
Por Marina Airis


La maternidad es un proyecto que genera diversos sentimientos. Es común que las madres sientan, a la hora de planificar un embarazo, que deben realizar muchos sacrifisios y renunsias pero pece a ello desiden tener un bebé. A veces creen que no es el momento adecuado para la familia y posterguen la idea. Sin dudas una mezcla de miedos y alegrías acompaña el proceso que culminará con el parto.
Muchas veces el embarazo llega como parte de un proyecto conjunto de una pareja. Otras veces forma parte de un proyecto individual y muchas mamás deben enfrentarse al desafío de criar solas a sus bebés, a veces por elección y a veces no. Hay embarazos planificados y otros que no, algunos son bienvenidos y otros interrumpidos. Hay mamás que deciden traer al mundo a su hijo que luego será criado por otros papás.
Pero ¿Qué pasa cuando la maternidad llega cuando la futura mamá es una adolescente de 14 años? ¿Qué diferencia hay entre ser madre a los 30 y madre a los 14? En una primera lectura se podrían esgrimir varias. ¿Qué hay de cierto en el mito de que las adolescentes se embarazan por falta de responsabilidad? ¿La mayoría aborta? ¿Las madres adolescentes son madres que provienen de contextos socioeconómicos bajos? Muchas veces estas preguntas no tienen una respuesta obvia y en general se contestan con prejuicios que, cuando la problemática se describe en toda su magnitud, simplemente caen.


Humanizar el parto
La Obstetra Partera Gilda Vera es Asesora en Humanización del Parto y del Nacimiento del “Programa de Salud de la Mujer y Género” del Ministerio de Salud Pública (MSP). Además trabaja asesorando y preparando para el parto y la maternidad a adolescentes embarazadas en la Organización No Gubernamental (ONG) “Casa de la Mujer de la Unión”.  El “Programa de Salud y Género” se creó en 2004 y surgió de la división del antiguo “Programa Materno Infantil”.  Hoy en día existen dos estructuras programáticas diferenciadas: el “Programa Salud de la Mujer y Género” y el “Programa de Niñez”. El primero de ellos tiene varias áreas, una de ellas es la de derechos sexuales y reproductivos, “dentro de esta área hay muchos temas de investigación como por ejemplo la humanización del parto y del nacimiento y la mortalidad materna”, explicó Vera. La profesional subrayó que por primera vez se creó un comité que investiga cada una de las muertes de las mujeres en etapa reproductiva. “En 2008 hubo catorce muertes, nueve de ellas se produjeron en el puerperio. De esas nueve muertes, siete u ocho eran evitables”, explicó. La obstetra sostuvo que esas muertes se debieron, en la mayoría de los casos, a infecciones producidas dentro del centro hospitalario. El área de derechos sexuales y reproductivos abarca la parte de planificación familiar que se encarga, entre otras cosas, de comprar todos los tipos de métodos anticonceptivos que luego la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE) distribuirá. Otra área que conforma el Programa es la de la violencia de género. Al respecto, la obstetra explicó: “Hay un observatorio que monitorea lo que pasa en el país. El gran logro de esto es haber colocado la mirada de los profesionales de la salud hacia ese problema”.
La humanización del parto es un concepto que abarca a todas las mujeres en situación de embarazo, más allá de cualquier rango etario o económico. Tiene que ver con el cambio de paradigma en la atención a mujeres embarazadas que se propone el Programa. “Hasta ahora la atención estaba basada en el equipo de salud que comandaba, decidía y hacia. Esto desgraciadamente afectaba a las mujeres porque no se las respetaba y se decidía por ellas. El cambio de paradigma se basa en los derechos que tienen las mujeres a una buena calidad de atención y el derecho que tienen a vivir ese proceso de su vida como mejor les parezca”, explicó Vera. La atención y normativa se dividió en atención y normativa para el embarazo por un lado, y las relativas al parto por otro. “En estas nuevas normas se habla de controles, porque una mujer controlada tiene menos riesgos, pero también de la preparación para el parto (…) Nosotras no quedamos embarazadas solamente de cuerpo. Se producen cambios también a nivel psicológico por eso estamos tratando de implementar un equipo en cada centro de salud que prepare a las mujeres para el parto”, argumentó. Dentro de estas normativas se establece, entre otros temas, terminar con el rasurado y la episiotomía (procedimiento por el cual se corta el periné, conjunto de músculos que se encuentran en la zona vaginal) porque, de acuerdo a lo explicado por Vera, está demostrado científicamente que representan un riesgo para las mujeres. 
Otro cambio que se está tratando de introducir con esta nueva normativa es la verticalidad en el trabajo de parto y en el parto. “Nada de acostarse sino que la mujer tenga la libertad de deambular y luego llevar adelante su parto en posición vertical y no acostada”, explicó Vera.  Y acotó: “En la verticalidad todo te está ayudando, en la horizontalidad todo está en contra. Estamos trabajando en esos cambios y  todavía no hay muchos lugares con sillas de parto. La idea ahora es concientizar a las madres para que pidan que en lugar de estar acostadas puedan estar sentadas, lógicamente siempre y cuando la madre así lo decida. Todo es decisión de la mamá”.
Esta normativa a la que hace referencia Vera es tanto para la atención pública como para la privada, se aprobó el año pasado y comenzó a implementarse en setiembre de 2008, por lo tanto los cambios aún no son cuantificables.  Con respecto a su articulación, la ONG “Casa de la Mujer de la Unión” junto con el MSP lleva adelante un curso que busca llegar a los profesionales del interior del país para poder poner a funcionar la normativa. “Estamos tratando que las mujeres tengan un lugar donde prepararse, para poder hablar de igual a igual con los profesionales, ejerciendo su derecho a decidir”, acotó Vera. Un logró por parte del Programa fue la creación y aprobación de una ley, la 17.386, que establece que toda embarazada tiene el derecho de estar acompañada en el parto por una persona de su confianza, y por consiguiente todo centro de salud tiene la obligación de permitírselo.
Con respecto al embarazo adolescente, Gilda Vera aseveró que se están confeccionando normas con algunos puntos específicos para adolescentes pero basadas en las descriptas anteriormente.
Fernanda Methol, Asistente Social del “Área de Niñez y Adolescencia” dependiente de la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE) y del Programa Infamilia del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) sostuvo, en referencia a la normativa existente relativa al caso especifico de las adolescentes embarazadas pero ya no en un contexto médico sino en un contexto más general,  que existen barreras institucionales y barreras normativas numerosas. Al respecto explicó: “Fomentamos que los adolescentes críen a sus hijos pero no les damos los medios para hacerlo. Desde el punto de vista normativo hay muchas contradicciones porque sigue siendo muy pesada la idea de minoridad. Si bien el “Código de la Niñez y la Adolescencia” cuestiona fuertemente la construcción del menor como incapaz en los discursos del INAU se habla de derechos, de cuestionar esta construcción del menor.  Muchas de las normativas, de las instituciones, como el BPS, el INDA, etc. siguen parados en la mirada de que estas habilitado cuando tenes más de 18 años”.
Causas y características
De acuerdo al informe “Reproducción Biológica y Social de la Población Uruguaya” para los adolescentes “el significado de la maternidad está en estrecha relación con las imágenes de género propuestas por la cultura y por el contexto social al que pertenecen. A su vez, se entrelaza con las particularidades que le imprime la propia adolescencia”.
Este informe sostiene, además, que la maternidad también se define “en torno a los cuidados vinculados a la auto conservación”, entre ellos se menciona la alimentación, los controles médicos, etc. Otro aspecto son “las conductas de apego y sostén afectivo”, como por ejemplo: la protección, la seguridad emocional, etc. Al respecto el informe señala que: “Para los jóvenes parecería que la madre es la figura más importante en la vida de un hijo, lo confirma un modelo que sustenta la disponibilidad, la comprensión, el cariño y la capacidad que tienen que tener las madres (por naturaleza) a responder de manera adecuada a los requerimientos de turno”. El informe subraya que en el común de los adolescentes abordados por el estudio se tiene una idea de “dejar de ser para que otro sea”. Es decir, las madres ponen en primer lugar a su hijo por sobre ellas mismas.
Cuando una adolescente se convierte en madre sufre una transformación en varios niveles, que puede ser positiva o negativa, pero que siempre supone una entrada a un mundo más adulto. “Las adolescentes, tanto aquellas que tienen hijos como las que no lo tienen, perciben a la maternidad como una entrada súbita al mundo adulto”, sostiene el informe. Además, asevera que las jóvenes de estratos socio económicos bajos asumen con mayor naturalidad este pasaje de la adolescencia al mundo adulto. “La asunción de la maternidad tiende a transportar a algunas adolescentes precozmente al mundo de las mujeres adultas, y se refieren a su pasado inmediato como “cuando era joven”, como si ese periodo hubiera acontecido muchos años atrás”, señala el informe.
En el caso de las adolescentes pertenecientes a sectores socio económicos medios el pasaje a la adultez es más progresivo.”No se ven como adultas ni aspiran a serlo (…) El hecho de contar con el apoyo de los padres a través del sostén económico y afectivo, les permite que el tránsito hacia la adultez sea más paulatino y menos abrupto que en el caso de las jóvenes de sectores bajos”, explica el informe.
En cuanto al aspecto físico-biológico del embarazo y parto adolescente, Gilda  Vera afirmó: “No está comprobado que haya causas físicas que puedan entorpecer el embarazo. Nos encontramos algunas veces con que son más reacias a hacer algunas cosas pero fuera de eso no hay más complicaciones. A no ser que sean muy chicas y que la situación obligue a una cesárea”.  Cuando la entrevistada dice que las adolescentes “son más reacias a hacer algunas cosas” se refiere a que rechazan la idea de prepararse para el parto. “En los grupos de preparación tratamos de juntar adolescentes con mujeres adultas porque las adolescentes casi no van, no tienen una constancia como la que se ve con las mujeres más grandes. A la adolescente hay que llamarla y traerla, ese es el gran problema”, explicó Vera.
Consultada sobre las causas sociales y psicológicas que llevan a una adolescente a ser madre a una edad tan temprana, Vera aseveró: “Para ser honesta, muchas de ellas buscan el embarazo como salida a algunos problemas, pensando que puede solucionarles algunas cosas pero después, en realidad, se transforma en otra carga. Ven el embarazo como único proyecto de vida, como única salvación para salir de una casa con problemas para, en realidad, meterse en otra casa llena de problemas porque normalmente los progenitores también son adolescentes”. Y acotó: “Generalmente las adolescentes que se embarazan son población muy vulnerable, están buscando cariño, afecto y se aferran a un embarazo. Normalmente está todo el mundo contento, todo el mundo feliz (en referencia al entorno de la adolescente) el problema llega cuando el bebe nace”.
Con respecto a este punto, Fernanda Methol, afirmó: “Es un mito decir que la mayoría de los embarazos adolescentes no son buscados. De alguna forma eso es un mito porque hay 1/3 de las madres adolescentes que afirman que ellas buscaron el embarazo. No es que todo sea desconocimiento, que todo sea falta de información, mal uso de anticonceptivos. También hay búsqueda. No podemos decir que las adolescentes que se embarazan lo hacen por un mal uso de los anticonceptivos”.
El rol de la paternidad
El informe “Reproducción Biológica y Social de la Población Uruguaya” sostiene que para los adolescentes “la gestación y el embarazo son el fundamento que da sentido al vínculo madre e hijo y da cuenta de por qué las mujeres tienen una mayor proximidad afectiva con sus hijos”. Este discurso es quizá uno de los fundamentos que explican el por qué de cierta separación del binomio madre- hijo de la figura paterna.
“Los varones quedan muchas veces afuera de esa relación, y no solo porque la masculinidad tradicional no incluye como referente “fuerte” el ser padres, sino porque habría algo más que los excluye: el embarazo, el parto y la lactancia”, amplia el informe.
Otro aspecto que contribuye a esa separación es lo que en el imaginario social se conoce como el “instinto maternal”. “Es un patrón de conductas y sentimientos universal, a histórico, atemporal, que se repite siempre igual a sí mismo más allá de la singularidad de las mujeres. Será “natural” entonces que todas las mujeres quieran tener hijos, los amen y los protejan”, sostiene el informe.
Con respecto al rol del padre en la problemática del embarazo y la maternidad adolescente, Gilda Vera fue tajante: “en la mayoría de los casos el adolescente se borra”, dijo. “Cuando son adolescentes el miedo es tan grande que no quieren saber absolutamente nada. Casi siempre las adolescentes llevan adelante su embarazo solas”, acotó.
Andrea Vallejo y Giselle Rodríguez son Asistentes Sociales y Educadoras Sexuales e integran la Cooperativa Mujer Ahora. Esta Cooperativa firmó un convenio con el Instituto Nacional de la Juventud (INJU) para crear el espacio ¡Mira Vos! que brinda orientación en salud sexual y reproductiva con enfoque de género. 
El proyecto consta de dos espacios, por un lado se brindan talleres de sexualidad desde una perspectiva de género y por otro ¡Mira Vos! cuenta con una dinámica de espacio abierto donde los jóvenes pueden acercarse, allí se encontraran con un espacio de juegos al que se integran materiales didácticos a los que los adolescentes pueden acceder libremente para evacuar sus dudas.
Andrea Vallejo explicó que: “Hay talleres que se plantean en función de la demanda que nos hacen los grupos o los referentes adultos. Incorporando diferentes metodologías vamos ajustando las temáticas en relación a la sexualidad. Hay un formato que es sexualidad desde una perspectiva de género pero hemos tratado otro tipo de temas. Trabajamos la sexualidad y la afectividad, sexualidad y diversidad, enfermedades de transmisión sexual, métodos anticonceptivos, autoestima, el cuerpo y la sexualidad, etc.”.
En los talleres de ¡Mira Vos! también se problematiza sobre la maternidad y la paternidad adolescente. Tanto Giselle Rodríguez como Andrea Vallejo se afilian a la idea de que los jóvenes y adolescentes de contextos socioeconómicos  medios y altos tienen proyectos de vida más claros que los que puede llegar a tener un adolescente de contexto socioeconómico bajo. Sostienen que si bien en ambos casos se dan discursos de planificación y proyección, donde la maternidad o paternidad aparece como un proyecto a largo plazo luego de alcanzar cierta realización profesional y estabilidad económica, en el segundo perfil la frecuencia es menor. De acuerdo a lo expresado por Rodríguez y Vallejo sobre este tema hay una tendencia a asociar la maternidad como algo exclusivamente de las mujeres, incluso por parte de los adultos. 
Fernanda Methol, en cambio sostuvo que con respecto al rol de la paternidad pasan cosas diversas. La Asistente Social afirmó que muchas veces sus parejas son más grandes que ellas y no siempre ocurre que las menores afronten su maternidad solas. “Hay casos en que la adolescente se desvincula de la pareja, fue una relación ocasional y la pareja no está más o no se hizo cargo, y quedan apoyadas por sus familias, cuando la hay. Muchas veces se produce un corte con la familia de origen, cuando de repente había conflicto y se produce una especie de “adopción” por parte de la familia del compañero”, afirmó Methol. La profesional además aclaró que en los casos en que la adolescente pasa a integrarse al hogar del progenitor la figura de la suegra adquiere mucha relevancia ya que viene a reemplazar de alguna manera a la figura materna ausente.
Consultada sobre el riesgo de un segundo embarazo y las formas de evitarlo, Gilda Vera consignó que: “Cuando las adolescentes están contenidas y reciben apoyo no quieren tener un segundo hijo bajo ningún concepto”. Para reafirmar esta idea comentó que en los grupos con los cuales trabaja en la ONG “Casa de la Mujer de la Unión” no hay adolescentes con más de un hijo. A través de sus programas, esta ONG brinda ayuda a las adolescentes madres para que, entre otros aspectos, puedan conseguir trabajos rentables y reinsertarse en la enseñanza curricular. “Son programas de ayuda para evitar, por ejemplo, que a los 20 años tengan tres o cuatro hijos”, aseguró Vera.
Al respecto, Andrea Vallejo, dijo: “Una cosa importante es que trabajamos (en los talleres que brinda ¡Mira Vos!) desde los derechos sexuales y reproductivos. Uno de los derechos reproductivos es el derecho a elegir con quien, cuando y en qué momento tener hijos”.
En referencia al rol de la familia, Gilda Vera consignó: “Algunas veces hay apoyo de la familia y otras veces no”. En alusión a este aspecto de la problemática Vera citó el caso de una adolescente con la cual trabaja en los talleres de preparación que con catorce años está embarazada de cinco meses y su padre la echó a la calle alegando que la menor era una mala influencia para sus hermanos. “Esa niña está totalmente sola”, sentenció.
Mejor prevenir que curar
De acuerdo a la publicación “La Salud de los Adolescentes y Jóvenes Uruguayos”, realizada por el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), las razones más frecuentes por las cuales los adolescentes justifican el no uso de métodos anticonceptivos son: “las dificultades de acceso, el hecho de que su pareja no quiera utilizar métodos de prevención del embarazo, no considerarlo necesario o simplemente no querer”.
Consultada sobre el interés que muestran los adolescentes con respecto al uso de los métodos anticonceptivos, Andrea Vallejo afirmó: “En ¡Mira Vos! trabajamos con distinto perfil de adolescentes y algo que se repite es que cuesta bastante el uso de los métodos anticonceptivos. Se trabaja sobre el concepto de que el único método para evitar la transmisión de enfermedades sexuales es el preservativo, tanto femenino como masculino. A pesar de que en general del preservativo si se habla y es si se quiere el método más común sigue habiendo dificultades en cuanto a cómo colocarlo, como retirarlo. Sigue habiendo una lectura de género bastante diferenciada en cuanto al uso, nosotros problematizamos bastante en los talleres sobre quién debe llevar el preservativo, si las mujeres o los hombres,  y nos encontramos que al día de hoy las chiquilinas adolescentes siguen diciendo que les da vergüenza ir a la farmacia a comprarlos o a la policlínica a pedirlos.”
El informe “Reproducción Biológica y Social de la Población Uruguaya” afirma, en referencia a la relación que los adolescentes tienen con los métodos anticonceptivos, que: “En las adolescentes con hijos, al igual que en los sectores bajos, aparece también lo inevitable: el embarazo es algo que “sucedió” y luego, no quedo otra posibilidad que asumirlo, aunque este no fuera la consecuencia de una decisión expresa de tener un hijo”. Sin embargo los adolescentes consultados por este informe afirman conocer los métodos anticonceptivos y su uso. Manifiestan que, pese a ello, el embarazo se debió a rotura del preservativo o fallas en la utilización de otros métodos (olvidos o dificultades para negociar e imponer el uso del preservativo a su pareja).
La falta de apertura para la negociación por parte de los adolescentes es señalada por el común de los entrevistados como un factor determinante del no uso de métodos anticonceptivos, principalmente el preservativo. A esto se le suma cierta carencia de información que facilite el acceso.
El informe “Reproducción Biológica y Social de la Población Uruguaya” señala que las mujeres en general, hayan tenido hijos o no, tienen cierto grado de información sobre cómo prevenir embarazos no deseados pero pese a ello aunque muchas veces toman la iniciativa delegan en sus parejas la responsabilidad de prevenir embarazos o enfermedades. Otro aspecto inherente al uso de métodos anticonceptivos es el grado de compromiso que los adolescentes varones generan con sus eventuales parejas. “Tanto los adolescentes del sector socioeconómico medio como del bajo, mencionan que efectivamente toman menos recaudos dependiendo del tipo de relación con su pareja”, asevera. Generalmente se tiende a tomar pastillas anticonceptivas cuando se mantiene una pareja estable y se dejan de tomar cuando la situación cambia, por ejemplo.
En referencia a la carencia de negociación, Andrea Vallejo señaló: “Trabajamos mucho el tema de la comunicación porque en esa pareja sexual que se da en un determinado momento sea de la manera o forma que se elija tiene que haber una negociación, una comunicación en cuanto al uso del método, especialmente del preservativo. Si me atrevo a pedirlo o espero a que la otra persona lo tenga y lo coloque, por ejemplo”. “Hay mucha dificultad en integrar el preservativo como algo natural de la relación sexual”, acotó Giselle Rodríguez.
Además, sostuvo que otro factor que juega en la utilización de estos métodos en la adolescencia es la autoestima. Respecto a este punto, afirmó: “En la adolescencia a veces las relaciones son esporádicas, a veces duran muy poquito, creen que están re enamorados o re enamoradas y que esa persona es el amor de sus vidas y muchas veces no tienen en cuenta el cuidado del cuerpo o esperan que la otra persona los cuide. También sucede que el miedo a perder a esa persona o esa relación hace que el cuidado quede en segundo lugar”.
Al respecto, Fernanda Methol aseveró: “Son cuestiones complejas que tienen que ver con cómo se distribuye el poder entre una mujer adolescente y un varón adolescente, joven o mayor en términos de quien toma las decisiones. Hay ciertos grados de imposición en cuanto a que a veces es difícil para la mujer negociar el uso del condón, por ejemplo”.
La ONG “Casa de la Mujer de la Unión” brinda, entre otros talleres, uno denominado “Comunicación y Negociación”. “Muchas adolescentes no saben comunicarse, no saben negociar, aceptan absolutamente todo lo que se les propone sexualmente y estamos hablando de adolescentes de entre 12 y 15 años”, explicó Gilda Vera.
Violencia, matrimonio y aborto
El “Área de Niñez y Adolescencia” dependiente de ASSE-INFAMILIA (MIDES) ofrece un programa de acompañamiento para madres adolescentes de entre 12 y 19 años. “Nuestra puerta de entrada va a ser a partir del nacimiento del bebé y en principio este acompañamiento está previsto para un año, a partir del nacimiento. A veces hay una pérdida del embarazo, por suerte esto es poco frecuente,  o también puede ocurrir un óbito, en todos esos casos también hay un acompañamiento”, explicó la Asistente Social Fernanda Methol.
Los objetivos de este programa son diversos. “Apoyar el cuidado de la salud de la adolescente y su pareja, fortalecer  y apoyar la crianza de su bebé, tratar de que esa adolescente mantenga sus rutinas de adolescente porque lo sigue siendo a pesar de ser mamá (tratar de que ambas cosas vayan juntas), mantener la inserción social de esa adolescente y su pareja. En este último objetivo nos referimos a estudio y otras inserciones, o bien de educación más formal o bien de acercarse a alguna organización en su barrio, de la índole que sea”, describió Methol.
En muchos casos a raíz de la maternidad se genera un proceso de aislamiento o profundización del aislamiento que ya había por parte de la adolescente. Entre las causas que Methol esgrime para explicar el porqué de este fenómeno está la influencia del entorno directo. “Muy a menudo nos encontramos con que las familias les imprimen que desde el momento en que son madres son solo madres entonces no pueden ir a bailar, ni hacer esquina con sus amigos, etc.”, explicó Methol.
“Las adolescentes que tienen hijos (o están embarazadas) señalan como un cambio significativo en sus vidas el no ir más a bailar (…) Se señala que el baile, la discoteca, se despliega como un ámbito de sensualidad y sexualidad a flor de piel que no es compatible con la nueva condición (…) La sexualidad de las adolescentes quedó subsumida, cubierta por el manto sagrado de la maternidad”, señala al respecto el informe “Reproducción Biológica y Social de la Población Uruguaya”.
El estudio también representa un factor de socialización que muchas veces se deja de lado cuando nace el bebé. “Hay adolescentes que están muy insertas en su familia de origen, dónde sus padres trabajan, entonces tienen un proyecto muy claro de trabajo o de estudio, son pocas pero algunas siguen estudiando contra viento y marea”, afirmó Methol.
Cuando una adolescente desarrolla altos grados de aislamiento pasan a quedar muy reducidas a la actividad doméstica y es muy difícil motivarlas para que hagan otra cosa. “Hay chicas que quedan muy encapsuladas dentro de la casa”, acotó Methol.
La necesidad de un trabajo estable y adecuadamente remunerado viene de la mano de la idea de una mejora en la calidad de vida para sus hijos que puede estar impuesta por la familia o no. Muchas veces el aislamiento viene acompañado de un reclamo de que la adolescente trabaje para colaborar con la manutención de su bebé. 
Con respecto al perfil de la adolescente madre, Methol explicó: “Ven el futuro en la figura de sus hijos, es decir, tienen miedos bastante cotidianos que tienen que ver con no tener los recursos suficientes para criarlos bien, la preocupación porque sus carencias educativas no les permitan acompañar debidamente los procesos educativos de sus hijos. De alguna manera ellas se pasan a un segundo lugar para poner en primer lugar a sus hijos”, subrayó Methol. Este perfil no tiene grandes diferencias, desde lo expuesto por Methol, con el de cualquier otra madre.
Consultada sobre si el fenómeno de desvinculación de los bebés es habitual, Methol afirmó: “Estadísticamente no es frecuente que sean las adolescentes las que dan sus bebés en adopción”. Consignó, además, que cuando las adolescentes tienen un marcado proyecto de vida no llegan a la instancia de dar en adopción a sus hijos porque antes recurren a la interrupción del embarazo. “La decisión es tan fuerte que no se les puede plantear, porque no lo toleran, dar curso a ese embarazo, tener el bebé y darlo en adopción. Eso a veces tiene un corte económico y a veces no”, aseveró. La profesional, a su vez, señaló que existen casos que tienen otras connotaciones: “A veces surgen embarazos que tienen como origen una violación o un abuso, y la adolescente apoyada por su familia decide interrumpir ese embarazo o dar en adopción a ese bebé”.
Sobre la presencia de la violencia en los hogares de madres adolescentes, Methol dijo: “Hay una frecuencia importante del fenómeno pero yo no puedo afirmar que haya más o menos según sean hogares de madres adolescentes o no”.
En relación a la idea de matrimonio asociada a la maternidad adolescente, Methol afirmó que son muy pocas las adolescentes que deciden casarse ante la llegada de un hijo. Al respecto, explicó que: “Eso se da en algún caso en particular porque hay una historia familiar donde el matrimonio tiene una imagen simbólica muy fuerte o en algún caso que se da una intención de emancipación clara. Pareciera que desde ese punto de vista el matrimonio como institución no tiene la importancia simbólica que tenía, lo que es importante es estar en pareja. En algunos casos también puede ocurrir que el matrimonio se dé por la presión paterna”.


Villa del Cerro… historia y barrio
Por Mauricio García

La Villa del Cerro es uno de los barrios más antiguos de Montevideo y uno de los que jugó un papel importantísimo en la historia del Uruguay, ya sea por la Fortaleza en donde nos defendíamos de las invasiones europeas, por la cantidad de inmigrantes que llegaban a esa zona de nuestra capital (al punto que el primer nombre del barrio fue “Villa Cosmópolis”), o por como se impulsó la industria frigorífica en la zona, siendo la Villa del Cerro uno de los grandes constructores del país que una vez fue conocido como la “Suiza de América”.
 
Tomando como referencia el aniversario número 175 de la Villa del Cerro (los cumplió el 9 de setiembre pasado), la investigación se centrará en repasar la historia de este barrio montevideano. La historia social, cultural, laboral y sindical son los puntos elegidos a tratar en esta investigación, ya que por cuestiones de información disponible y de extensión del documento, varios ítems han quedado afuera.


 Todo comenzó…

Siendo ya el Uruguay un país independiente, el 9 de setiembre de 1834 fue el día en el que se promulgó el decreto por el cual se fundó la Villa del Cerro. Quien firmó ese decreto no fue Fructuoso Rivera, presidente en esa época que estaba recorriendo la campaña, sino el presidente en ejercicio, Carlos Anaya, junto con su ministro de Gobierno, Lucas Obes.
El decreto fundacional establece que la Villa del Cerro se funda “con el objeto de dar a la industria doméstica todos los ensanches que están al alcance del Gobierno y sus recursos, y con el de ofrecer a la inmigración extranjera un asilo dotado de todas las proporciones que, por el momento, pueda prometerse de la feracidad de nuestro suelo y su inmediación al primer mercado de la República”.

El terreno de la Villa del Cerro era mucho menor al hoy conosido. Antes se limitaba a lo que hoy son las calles Perú y Polonia (entonces calles Nº 22 y 24), terrenos que pertenecían a una empresa que los había adquirido en 1833. El Estado pasaba por una crisis en sus arcas, por lo que el pago de esos predios estuvo a cargo de un hombre llamado Antonio Montero, quien pretendía levantar una población en la falda meridional del Cerro.
Más adelante en 1834, precisamente el 30 de diciembre, el gobierno decretó que la Villa del Cerro tuviera “la advocación de Cosmópolis”. El artículo quinto de ese decreto reza: “Que las autoridades civiles sean invitadas para solemnizar el acto de la fundación de la Villa Cosmópolis que ha de celebrarse, precisamente, a principios de enero del año entrante 1835”. Fue entonces el 10 de enero de 1835 que se produce el acto inaugural de la ‘Villa Cosmópolis’, hoy nuevamente llamada ‘Villa del Cerro’.
Aportes desde fuera…

El Cerro debe ser de los barrios de Montevideo con más historia de inmigración en el Uruguay, dada su proximidad al puerto de Montevideo. Españoles, italianos, lituanos, polacos, rusos y hasta esclavos provenientes del África, por nombrar solo algunos, llegaron a lo que era la ‘Villa Cosmópolis’ en busca de otro estilo de vida, de trabajo, de formar una familia con futuro en otras tierras.

Quien habló sobre estos temas en una de las celebraciones por los 175 años de la Villa del Cerro fue el escritor Raúl Bertolini. Oriundo del Cerro, Bertolini dio una pequeña disertación sobre la historia del barrio en el Centro Cultural Florencio Sánchez.
Ratificando lo expresado en el capítulo anterior, el escritor dijo que Antonio Moreno tenía la idea de instalar industrias en la falda meridional y en la zona de lo que hoy es Capurro), donde estaban ubicados los primeros esclavos que venían del África.
Además, agregó que en el terreno en donde hoy se encuentra el Estadio Olímpico (cancha del Rampla Juniors Fútbol Club), se levantó uno de los primeros frigoríficos que tuvo Montevideo: el frigorífico “Vilardebó”.

Ese frigorífico y los posteriores que se instalaron en el Cerro (como el Swift y el Nacional, y también los precedentes saladeros, como el San Miguel y el 18 de Julio), fueron la principal fuente de trabajo de muchísimos inmigrantes instalados en la zona, así como de sus descendientes, y la industria número uno en cuanto a impulsar el desarrollo del barrio y sus alrededores.

Continuando con los dichos de Bertolini, el escritor expresó que a su entender los inmigrantes fueron los grandes forjadores de la historia laboral y sindical que tiene el Cerro y toda la zona oeste de Montevideo. Según sus palabras, se fue dando “un crisol de gente que era de distintas nacionalidades y que tenían distintos pensamientos políticos”. También contó que uno de los primeros sindicatos de la zona fue el de desolladores, que tenían su lugar de reunión en lo que era la iglesia Armenia en el Cerro, en la calle Chile. Posteriormente, esa iglesia se trasladó de lugar y se convirtió en lo que hoy es la Unión General Armenia de Beneficencia (UGAB), ubicada en Agraciada y Joaquín Suárez.
El Cerro Frigorífico

Después de la breve mención a los frigoríficos como principal fuente de trabajo de los inmigrantes, es pertinente repasar la historia de cómo los saladeros y frigoríficos se instalaron en la zona.
 
En el año 1836, el Poder Ejecutivo dispuso mediante un decreto que los establecimientos que se dedicaran a la salazón de carne tendrían que estar lejos de la ciudad. A efectos de tal decreto, los saladeros fueron ubicados en la zona del Cerro y en ambas márgenes del arroyo Pantanoso.

Según contó Ruben Esquerre, director del quincenario “Cosmópolis” (que editará un libro con la historia del Cerro), en 1841 se instalaron dos grandes saladeros a orillas del Pantanoso. Uno de ellos fue el de Samuel Lafone (en el margen izquierdo del arroyo, en una parte que hoy corresponde al barrio de La Teja). El otro perteneció a un empresario llamado Hipólito Doinell, cuyo saladero estaba en el otro margen del Pantanoso, en la zona del Cerro.
Este último saladero incorporó en 1842, tras una discusión parlamentaria por ser su dueño francés, una tecnología muy avanzada para la época. Lo que se buscaba con esa nueva tecnología, para la que había que invertir muchísimo dinero, era industrializar el sebo para obtener estearina, y así poder fabricar velas de calidad superior a las que se vendían en ese tiempo. Todo eso se vio frustrado por un enfrentamiento entre Manuel Oribe y José Garibaldi (Oribe había sitiado Montevideo en febrero de 1843), ya que este último bombardeó a simpatizantes de Oribe que se atrincheraron en las instalaciones del saladero de Doinell.

Ya entrado el siglo XX comenzaron a llegar nuevas tecnologías a la zona: los saladeros pasan a ser frigoríficos. En 1904 se instaló en Punta de Sayago “La Frigorífica Uruguaya”, el cual era un consorcio de capitales nacionales. Su propósito era industrializar la carne a través del enfriamiento y la congelación. En diciembre de ese año comenzaron las faenas de dicha empresa, logrando así concretar su primera exportación en marzo de 1905 (un embarque que llegó a Londres). Poco después la empresa pasó a manos de una compañía anglo-argentina llamada “Sansinena & Cia”.

Otro frigorífico que se instaló en la zona, más precisamente en Punta de Lobos, fue el frigorífico “Montevideo”. El establecimiento comenzó a funcionar el 10 de octubre de 1912. De capitales nacionales en su origen, fue adquirido por la compañía “Swift” (con sede en Chicago, USA) en 1916. Al año siguiente, también en el mes de octubre, empezó a faenar el “Frigorífico Artigas”, el cual era una sociedad anónima conformada por estancieros uruguayos, los cuales vendieron el frigorífico a la empresa “Armour” (también de Chicago) años después.

En 1928, un año antes del crack de Wall Street, se creó el “Frigorífico Nacional”, que funcionaría como ente estatal cuyo labor sería oficiar de ente testigo para controlar la industria cárnica del Uruguay. Las instalaciones de este frigorífico serían donde, pocos años antes, funcionaba la “Frigorífica Uruguaya”.

Los frigoríficos duraron menos que los saladeros en el Cerro. El auge que se dio en la década del 20 culminó con la antes mencionada crisis del 29 y con la firma de los convenios de Ottawa en 1932. Esos convenios establecían que Inglaterra le compraría carne a países que habían sido colonias británicas y recién se independizaban, como el caso de Nueva Zelanda (uno de los principales competidores de Uruguay en la actualidad en la industria ganadera).

Pero ese no fue el fin de la industria de la carne en el Cerro. Hubo una segunda generación que vivió el auge de los frigoríficos durante la década del 40, como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, y durante parte de la década del 50, por la guerra de Corea. Esa época fue en la cual el Uruguay era conocido como “La Suiza de América”. En 1958, los inversores estadounidenses que estaban en el país se retiraron definitivamente, y los únicos que quedaron en pie fueron el Frigorífico Nacional y la planta Artigas de lo que eran los Establecimientos Frigoríficos del Cerro S.A. (EFCSA). Finalmente, la industria desapareció de la zona en 1970.


El Cerro Cultural
La Villa del Cerro, además de su historia laboral y su historia de inmigración, tiene una historia cultural muy importante. El barrio del oeste montevideano brindó varios artistas a la cultura nacional, ya sea el poeta Washington Benavides, el pintor José Gurvich o el escritor anteriormente mencionado, Raúl Bertolini. Además de brindar, el Cerro albergó artistas como el trío “Los Panchos”, “Los Chalchaleros”, “Los Olimareños”, Vinicius de Moraes, Astor Piazzolla y Joan Manuel Serrat. Todos ellos se presentaron en lo que supo ser el Parador del Cerro, ubicado sobre la Fortaleza. Ese parador funcionó durante casi 50 años, hasta su cierre en 1990. El lugar era propiedad del empresario Everly Rodríguez, quien hoy es dueño del Teatro Metro, entre otros emprendimientos que lleva adelante (turísticos y gastronómicos).

Además del Parador del Cerro, hay otro lugar que brinda espectáculos de todo tipo y acerca a los cerrenses a la cultura: el Centro Cultural Florencio Sánchez.
Localizado en Grecia entre Norteamérica e Inglaterra, empezó funcionando en 1915 como el Cine Teatro “Apolo”, su primer nombre. De a poco fue evolucionando hasta convertirse en el principal centro cultural del Cerro. Exposiciones, recitales, obras de teatro, son solo algunas de las propuestas que ofrece el Florencio y que viene ofreciendo desde que era el Teatro “Apolo” (ver investigación anterior).

El Florencio también formó parte del “Día del Molinete”, una movida cultural que se realizó el 27 de noviembre del año pasado y que se espera repetir. Se convocó a niños, jóvenes y adultos a participar de actividades recreativas y educativas durante toda la tarde hasta que se ocultara el sol. La jornada fue al aire libre y ocupó más de 10 cuadras. El director del Florencio, Elder Silva, dijo que para este “Día del Molinete” el Florencio también formará parte, dado el éxito que tuvo el año pasado, donde el centro cultural fue gran protagonista. Otros órganos que intervienen en esta actividad son la Tribu Urbana “El Molinete”, la Intendencia Municipal de Montevideo, y el apoyo de UNICEF.


Se movilizan los trabajadores
Ya en la primera mitad del siglo XX el Cerro tenía varios sindicatos formados. Muchos integrantes de esos sindicatos eran inmigrantes, si tomamos en cuenta que a principios de siglo la población de la Villa del Cerro era de aproximadamente 268.000 habitantes, de los cuales el 40% eran extranjeros.

Estos sindicatos fueron los primeros en utilizar la recién inaugurada “Plaza de los Sapos” (ubicada frente a lo que hoy es la Iglesia Santa María de la Ayuda, por Bogotá entre Prusia y Juan B. Viacaba), donde se concentraban para realizar sus actos. Los sindicatos más fuertes en esa época eran el de los carboneros y  el de los saladeros, aunque también contaban con fuerte presencia los de panaderos, sastres, albañiles y zapateros.

Desde comienzos de siglo se movían los sindicatos. El 13 de enero de 1902 se declaró en huelga la Sociedad de Obreros Varaderos y Anexos de la Villa del Cerro por un conflicto con los saladeros. Los trabajadores reclamaban mejoras salariales que los patrones no otorgaban y que además, aprovechando la poca faena que había en ese entonces, despidieron a muchos más trabajadores, lo que agravó el conflicto al punto de llegar a la huelga. El diario “El Siglo” relató como se llegó al paro de trabajadores: “La huelga fue decidida en una asamblea de 700 obreros realizada antenoche en la cancha de pelota del Cerro (lo que hoy sede del Fortaleza Bochas Club, en Francia entre Chile y Portugal), a consecuencia de la negativa de los patrones para conceder a los trabajadores las mejoras perdidas”.

Finalmente, la huelga no tuvo gran efecto y fracasó. El único logro que tuvieron fue la reintegración a las labores de aquellos que fueron despedidos cuando estaba por estallar el conflicto. A consecuencia de esto, la  Sociedad de Obreros Varaderos y Anexos empezó a editar “Resistencia Gremial”, un periódico en el que publicaba todos sus reclamos y reivindicaciones, repartiéndolos entre los trabajadores y la población en general.


En mayo de 1905 se produjo una huelga de los trabajadores de las barracas del carbón (que tenían su sede sindical en lo que hoy son las calles Grecia y Ecuador), que se oponían a una rebaja salarial dispuesta por las patronales y reclamaban una jornada de nueve horas máximo de trabajo y dos domingos libres al mes. En ese entonces se estaba construyendo el puerto de Montevideo, y eso demandaba grandes cantidades de carbón, el cual era el combustible más importante de la época.

Esta huelga contaba con el apoyo de los trabajadores argentinos que participaban de las obras, lo que generó el miedo de los empresarios de que la huelga se extendiera hacia Argentina. De esta manera, después de una semana de conflicto, los empresarios cedieron ante los reclamos de los obreros. Esto sirvió como puntapié esperanzador para los otros sindicatos que también pedían la reducción de la jornada laboral u otro tipo de reclamos.

Tanto fue así que al mes de la victoria de los carboneros, los trabajadores de la carne (todavía no frigoríficos) se declararon en huelga. Durante una reunión de los obreros cárnicos en la “Plaza de los Sapos”, se produjo un enfrentamiento entre la policía y los trabajadores que dejó como saldo un muerto y varios heridos. Así fue como el Cerro tenía su primer mártir en el naciente siglo XX.
Los vecinos
Dada la bonanza económica consecuencia del desarrollo de la industria frigorífica durante la Primera Guerra Mundial (1914 – 1919), la Villa del Cerro experimentó un crecimiento demográfico de notables proporciones. Se comenzó a extender lo que eran los límites de la villa, que iban desde lo que hoy es Carlos María Ramírez hasta Camino Cibils, zona que hoy es conocida como el Casco del Cerro (denominación designada para identificarla de los barrios que fueron surgiendo en los alrededores del Cerro).

El primero barrio aledaño que tuvo el Cerro fue el Barrio Jardín “Antonio Casabó”, inaugurado el 18 de julio de 1921 y situado cerca de los predios de lo que era la Frigorífica Uruguaya.
El barrio se constituyó en primera instancia de doscientas viviendas que contaban con dos, tres y hasta cuatro dormitorios. Cada vivienda podía adquirirse abonando 120 pesos de aquella época más sucesivas cuotas mensuales.

La inauguración del Casabó, como hoy se lo conoce, contó con la presencia del entonces presidente de la república, Dr. Baltasar Brum, que fue acompañado de altas jerarquías militares y funcionarios de su administración. El dato a destacar es que todas las primeras viviendas que el barrio tuvo contaban con luz, agua potable y servicio de saneamiento, al tiempo que las calles estaban todas pavimentadas con hormigón.
Otro punto a destacar de los primeros años de vida del Casabó es el hecho que desde su inauguración el barrio contaba con un servicio de transporte público que comunicaba al Casabó con el muelle público del Cerro (ubicado en las calle Egipto entre Barcelona y Centroamérica), en donde se abordaba el vaporcito que iba hasta la Ciudad Vieja o hacia la Curva de Tabárez (donde hoy está la Terminal de Ómnibus del Cerro).

Fue precisamente Ramón Tabárez, hijo de uno de los trabajadores de los saladeros más conocidos de la zona, Rosauro Tabárez, quien formó parte de la construcción de otro de los barrios aledaños a la villa: el Barrio Obrero Nº1.

Ramón Tabárez era simpatizante de José Batlle y Ordóñez. Al fallecer Batlle a fines de la década del 20, Tabárez se adhirió a las ideas de Gabriel Terra. Como muestra de esta adhesión, Tabárez le donó al gobierno de Terra un vasto predio de la propiedad que había heredado de su padre para la construcción de un grupo de viviendas. El gobierno de ese entonces buscaba superar la crisis económica con el aumento de la obra pública.
El predio estaba entre Carlos María Ramírez y las calles Haití, Polonia y lo que hoy es Santín Carlos Rossi (ex Continuación Chile). Allí fue que se construyeron las viviendas que dieron vida al Barrio Obrero Nº1, las cuales fueron entregadas a familias trabajadoras de la zona con un plan de pagos accesible para la época, que las familias fueron abonando a través de los años al punto que no se registraron deudas grandes.

Otros barrios que se construyeron a través del tiempo en la zona del Cerro fueron el Barrio Nº5 en lo que hoy es La Paloma (que está entre la calle del mismo nombre y Pernambuco), el Barrio Nº8 en Cerro Oeste (comprendido entre Camino Cibils, San Fuentes y Paso Morlán), y el Barrio Municipal Nº31 (que está entre La Paloma y Francisco Capurro).



La historia de la Villa del Cerro es muy rica, ya sea por su participación en lo que fue el auge de la gran industria saladera-frigorífica que tuvo el Uruguay o por la cantidad de inmigrantes que albergó, los que ayudaron a poblar y a construir el país.
Como explicáramos en el comienzo, muchas cosas quedaron afuera de esta investigación. Quedó afuera el tema del deporte en el Cerro: la historia de los equipos de la villa como Cerro y Rampla, como también quedó afuera la historia educativa del Cerro: la escuela Nº 29 y 30 de la villa este año cumplió 150 años y es de las más viejas de Montevideo, y el liceo Nº11 del Cerro también tiene grandes historias para contar de sus alumnos, entre los cuales estuvo el actual presidente de la república, el Dr. Tabaré Vázquez.

Durante esta investigación se pudo ver, por ejemplo, como los movimientos sindicales del Cerro de la primera mitad del siglo XX fueron la base de la historia sindical y del espíritu de lucha de los trabajadores en nuestro país. Esos movimientos fueron en principio integrados por los inmigrantes que albergó la Villa del Cerro, cuando en ningún otra parte de Montevideo encontraban su lugar o siquiera un trabajo.
Por último y haciendo referencia a la investigación anterior, pero con información un poco más ampliada, vimos que la historia cultural del Cerro va más allá de los propios habitantes del barrio y los lugares de los que se dispone, sino que hubo empresarios que ubicaron exitosos emprendimientos en el Cerro que hoy se verían imposibilitados de llevarse a cabo en esta parte de Montevideo.

Viendo todo esto, podríamos decir que el Cerro es un gigante en caída. Pero este barrio es como un equipo de fútbol grande cuando le va mal: lo hace grande su historia y su gente.